Diez primaveras con Fabián

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Ilustración: Pedro García.

Texto: Almudena de Celis

La primera vez que le ví estaba subiendo los peldaños que daban al recibidor del colegio. Todavía le costaba un poco hacerlo ya que sus piernas no eran tan largas como ahora. Solamente tenía cuatro años. Era un niño de tez más bien pálida, con el pelo oscuro y corte de cazo. Normal. Algo tímido, pero como todos por aquel entonces. En plena década de los ochenta Fabián era un niño más rodeado de otros niños que lo único que hacían era jugar y divertirse. Nada más.

Si intento recordar otra escena del pasado recuerdo a la profesora de música con su vara de madera marcando el ritmo, que como cualquier profesor de música del colegio, no hacía más que enfadarse cada vez que desafinábamos la famosa flauta dulce. Allí estaba él, con sus dedos largos, intentando sacar una melodía de un material del que solamente salía algún resto de saliva.

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Fotografía: Pedro Mahave.

Éramos pequeños y todo nuestro mundo cabía en la mochila cargada a los hombros. Todos éramos uno más en aquel complejo mundo compuesto de libros, niños, familia y nuestra imaginación. Pero el tiempo pasaba y Fabián, que es un hermano más, uno más de la familia, creció y en plena adolescencia, entre fiestas y reuniones con compañeros se atrevía a flirtear con la guitarra española, a hacer que su voz resonase entre todos nosotros con canciones de Calamaro, Los Rodríguez, o Carlos Goñi, a quien admiraba muchísimo por aquel entonces.

Así recuerdo sus inicios, Fabián es tenaz, persistente y apasionado. Y lo que quiere lo consigue. Así recuerdo sus alergias de primavera, sus risas del verano, su humor ácido en el otoño y su tez pálida del invierno. Encerrado escuchando a los más grandes, aprendiendo sin parar, atendiendo a cada acorde, aprovechándose de su sensibilidad artística, gestando en definitiva lo que más tarde le ha hecho ser quien es. Ser un grande, ser el mejor, ser un perfeccionista, un purista de su trabajo. Meticuloso y concienzudo Fabián no ha hecho nada en balde a lo largo de sus años. Todo ha servido para que este sitio en el que hoy está sea tan merecido. Para que sus 10 años de Espera a la primavera valgan la pena.

¡Y valen la pena! Los diez años, con alergias incluidas (no puedo evitar pensar en ellas cada vez que pienso en la primavera) y los treinta y seis años que tiene. Todo vale la pena. Por su Triunfadores homenajeando a sus padres, por sus letras al milímetro, por sus Plegarias y todos los demás trabajos que ya lleva a sus espaldas. Por su Fe remota con el que ha obtenido las mejores críticas del 2015. Y por todo el esfuerzo. Vale la pena.

Fabián es una perla reposando en una concha llamada León. Su delicadeza, su sensibilidad le hace percibir el mundo de una forma que sólo puede transmitir a través de sus palabras, elegidas una a una con suma delicadeza y acompañada de una música sublime, como el relojero que trabaja con sus manos y consigue que los engranajes del reloj funcionen para que este pueda marcar los segundos con precisión. Así es Fabián.

Enhorabuena por este décimo aniversario tan especial. Te lo mereces.

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